Las generalizaciones de las mediciones estadísticas no se corresponden con transformación estructural del patrón de distribución del ingreso.
El índice de pobreza del INDEC, el de antes y el de ahora, está bajo cuestionamiento, dado que se elabora con promedios que no son representativos.
Por un lado, el ingreso diario por familia porteña, que medido en dólares da US$ 21,55, es supera en tres cuartas partes el de una formoseña.
Entre ambos extremos, el resto de las jurisdicciones no promedia ni la mitad de la gran metrópolis.
El PBI percápita viene en descenso, aunque con altibajos, desde hace 14 años, y si bien estadísticamente repuntó algo en la pandemia, en 2022 retornó a la curva descendente.
La fórmula de medición, la actual es la misma que la de gobiernos anteriores, se basa en la data de 31 centros urbanos más poblados del país, que abarcan a 29,8 millones de habitantes, sobre unos 47 millones de la población total.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), que dirige Agustín Salvia y pertenece a la Universidad Católica Argentina, cruzó la eufórica interpretación del presidente Javier Milei sobre la baja de la pobreza en 2024, si bien rescató la estabilidad macroeconómica y la desaceleración de la inflación, así como su incidencia en el aumento de los ingresos por programas sociales.
Advirtió sobre la calidad del empleo y que, «sin una recuperación de la capacidad de consumo y en los salarios reales, los índices de pobreza podrían estabilizarse en niveles preocupantes».
Redistribuidores de fuste
Un factor señalado como redistribuidor de ingresos fue el alza en las tarifas de servicios públicos en 2024, porque incrementó el peso de los gastos fijos por sobre los variables de los hogares, de modo que las mejoras en el ingreso familiar real no implican necesariamente más y mejores consumos corrientes.
También hace ruido la ponderación del peso que ejercen las canastas de consumo, lo mismo que la porción que ocupan en cada presupuesto hogareño los servicios de la vivienda y el transporte y que no se consideren gastos de alquiler, siendo que 4 de cada 10 familias no tienen techo propio.
Antes de esta polémica en torno del índice, el Centro Latinoamericano de Geopolítica (Celag), elaboró un gráfico donde se muestra que los promedios de cada nivel de ingresos no responden a la realidad de los hogares.
Con información del 3er. trimestre del año pasado, describió que el 50% de los hogares de ingresos menores a $360.373 (julio-setiembre 2024) no llegaba al promedio de su nivel; de la media salarial, mientras el 68% de la media de $500.126 no la alcanza, y el 79,2% queda abajo del escalón de $700 mil.
El director ejecutivo de Celag, Alfredo Serrano Mancilla, dijo a EFE que «Argentina está sufriendo una gran transformación estructural en su patrón de distribución del ingreso. La clase media va desapareciendo a gran velocidad y hay una gran montaña de la ciudadanía que está en torno a la pobreza, los ‘casi pobres'»
Diferenció que los ‘casi pobres’ tienen ingresos ligeramente superiores al umbral de pobreza pero viven en las mismas condiciones de los que formalmente están bajo la línea, y afirmó que si se suman ambos grupos, cerca del 80 por ciento de la población argentina es pobre.
Jubilados y pobreza
Puso como ejemplo a los jubilados: el monto de las pensiones que cobran la mayoría de los 7,4 millones supera en solo 716 pesos la línea de pobreza del Indec, pero es apenas un tercio de la canasta básica de los jubilados que calcula la Defensoría de la Tercera Edad de la capital.
También el desgloce por provincias de la situación nacional de los ingresos arroja asimetrías abismales.
Entre CABA (la jurisdicción mejor posicionada) y Resistencia (Chaco), la más pobre, con el 60,8% de los habitantes en tal condición, la brecha entre lo que entra en cada hogar es de casi 75% (21,55 versus 6,08).
Y si se excluye a la Ciudad de Buenos Aires de la comparación, el promedio del jornal en Tierra del Fuego equivale a dos en cinco provincias: formosa, Chaco, La Rioja, Santiago del Estero y Salta.
Fuente: NA